América del Sur, en manos de mujeres

La vuelta de Michelle Bachelet al Palacio de la Moneda ratifica el liderazgo de América Latina como la región del planeta con más mujeres poderosas: actualmente gobiernan a alrededor de 265 millones de habitantes (el 45% del total del continente), todo un récord que contrasta con los pobres datos de la vieja y avanzada Europa, donde solo el 20% de la población está capitaneado por una presidenta. El milagro ha sido posible gracias a una lucha emprendida décadas atrás y que en realidad no ha hecho más que comenzar: los parlamentos siguen mayoritariamente en manos masculinas (ellos, por cierto, perciben mejores salarios), las desigualdades entre sexos a pie de calle no desaparecen y la violencia contra las mujeres ha alcanzado cotas insoportables (ahora mismo el 95% de los femicidios queda sin castigo).

Desde que, en 1974, María Estela Martínez (Isabelita) se sentó al frente de Argentina como sucesora de su marido (el fallecido Juan Domingo Perón), otros siete países latinoamericanos han contado con jefas de estado: Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Brasil, Bolivia y Chile (no hay que olvidar que Perú nombró primera ministra en 2003 a Beatriz Merino). Algunas de ellas, como Mireya Moscoso (al mando de Panamá entre 1999 y 2004) y Violeta Barrios (Nicaragua, 1990-1997), han sido duramente criticadas, acusadas de haberse aprovechado de su condición de viudas de políticos históricos (Arnulfo Arias y Pedro Joaquín Chamorro, respectivamente). Es una de las muchas pruebas de que, efectivamente, el machismo continúa campando a sus anchas.

Hoy en América Latina mandan la mencionada Bachelet (Chile), Cristina Fernández (Argentina), Dilma Roussef (Brasil) y Laura Chinchilla (Costa Rica). Las tres primeras representan el tesón en la batalla por la democracia (cumplieron penas de cárcel por ello durante su juventud), por la igualdad y por la presencia de la mujer en las instituciones. Bachelet, que ya gobernó entre 2006 y 2010, y Fernández se han metido en el bolsillo a una parte importante de sus compatriotas, aunque desde posiciones muy distintas (una izquierda abierta y prudente en el caso de la chilena y un estridente y valiente populismo en el de la viuda de Néstor Kirchner).

Por el contrario, tanto Roussef como Chinchilla han visto caer en picado su popularidad desde que accedieron al poder. Brasil se ha estancado económicamente y vive sumergido en una intensa crisis social; por su parte, la presidenta de Costa Rica ha soliviantado a la población desde una posición que muchos consideran extremadamente conservadora: opuesta al aborto y al matrimonio de personas del mismo sexo, rechaza que el Estado se declare aconfesional.